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Hablar de virginidad suele poner nerviosos a la gran mayoría de mortales.
Sobre todo a aquellos que aún creen profundamente en su valor y a quienes por lo general se les suele tildar de gente aburrida, anticuada, retrógrada, fuera de moda y hasta tonta.

¿Ha sido así siempre? ¿En qué momento algo tan preciado bajo tanto de valor como para entregarla a cualquier postor?

Invité a la virginidad a una entrevista para que ella misma nos contara lo que siente y lo que piensa sobre estos temas. Nos encontramos con ella en las bancas de un parque, donde con algo de nostalgia en su mirada, observaba a algunos niños de un jardín infantil jugando unos metros adelante.

REPORTERO CRONICAS: Gracias por aceptar la invitación, y si no le molesta entremos en materia. Se dice que usted es una virtud exclusivamente femenina ¿Qué piensa de esto?

VIRGINIDAD: Gracias por la invitación y para nada me molesta ir al punto. Lo que si me molesta es ese concepto tan errado sobre mi exclusividad en las mujeres. Eso sería como decir que yo solo soy igual a algo tan físico como el himen de la mujer hasta que este se rompe en su primera relación sexual. Una idea tan baja como vacía.

“Decir que la virginidad es una virtud exclusiva de las mujeres es una idea tan baja como vacía”

RC: Lo que quiere decir es que además de estar presente en hombres y mujeres, usted también es una virtud que no es solo física ¿Correcto?

V: Exacto. Aunque la forma más conocida de manifestarme es la física, no es la única. Me manifiesto también en la mente y en el corazón y me reflejo en la relación entre seres humanos. Como muchas otras virtudes.

RC: Sobre el tema de la virtud… para muchos usted no es una virtud. Muchas personas creen que el hombre, la religión o ciertas culturas le han dado una importancia exagerada a usted y lo que representa ¿es cierto esto?

V: Si yo le dijera que usted no es un ser humano ¿sería cierto eso?

RC: Obviamente respondería que no. No entiendo la razón por que lo diría ni como sustentaría su afirmación.

V: Es exactamente igual conmigo. Así como usted ha sido creado como un ser humano yo he sido concebida como una virtud. La gente podrá decir que no es cierto y tienen sus razones para creerlo, pero el hecho que algunos o muchos, incluso el mundo entero lo crea no quiere decir que sea verdad.

RC: Pues, creo si todo el mundo se pusiera de acuerdo para decirme que no soy un ser humano, hasta dudaría que lo soy.

V: Es la diferencia entre los humanos y las virtudes. Aunque ambos somos creaciones de Dios, los humanos dudarían de quienes realmente son y para que fueron creados si el mundo entero se los hiciera creer. Las virtudes creadas por Dios en cambio no podemos ser redefinidas aunque el mundo entero trate de cambiarnos.

“Las virtudes que Dios ha creado no pueden redefinirse aunque el mundo trate de darles un nuevo significado”

RC: Bueno pero, no puede negar que bajo el pretexto de la virginidad, muchas mujeres han sufrido explotación, abuso, incluso en algunas culturas hoy en día eso les significa un precio para ser comercializadas o rechazadas como objetos.

V: El orgullo del ser humano siempre encontrará una excusa para darle o quitarle el valor equivocado a lo que lo rodea. Incluso si es algo maravillosamente creado y perfeccionado por Dios para el bienestar del hombre…

RC: Si está hablando de usted, me sorprende su humildad.
En ese momento un silencio incómodo me hizo pensar que había sido un muy mal chiste.

V: …En realidad hablo del Edén, el lugar donde el orgullo entró en el corazón del hombre. Adán y Eva tenían el lugar más espectacular y valioso que podría imaginar cualquier ser humano, un paraíso que la humanidad no ha podido igualar ni logrará replicar jamás. Pero a pesar de que El Edén era una creación especialmente diseñada para complacerlo, el hombre despreció su valor al aceptar el fruto. Prefirió el conocimiento del bien y del mal para poder dar juicios de valor como si fuera Dios, en vez de aceptar su humanidad y reconocer el inmenso valor de lo que ya le había sido entregado.

“La humanidad prefirió el conocimiento del bien y del mal para poder dar juicios de valor como si fuera Dios, en vez de aceptar su humanidad y reconocer el valor de lo que ya se le había entregado”

RC: Esto suena algo teológico, una interpretación que no había escuchado acerca del jardín del Edén y el desprecio del hombre por algo tan valioso.

V: Pues, ahora si siento que está hablando de mi.

( La virginidad esbozó una sonrisa sencilla mientras me miraba y no pude evitar reírme con alivio al sentir que aunque ahora era yo el burlado, por fin se había roto el hielo entre nosotros.)

RC: Aterricemos un poco esta charla ¿le parece? La teología es interesante pero creo que hay muchos que quieren que se respondan preguntas más terrenales, por ejemplo: ¿Por qué las personas quieren perderla a usted… usted me entiende, cada vez más jóvenes?

V: En realidad eso no es cierto. Ninguna persona en su sano juicio quisiera perder algo valioso más aún si sabe que al perderlo sería prácticamente imposible recuperarlo.

 

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RC: Es decir que los que buscan perderla o no reconocen su valor o… no están en su sano juicio.

V: Me gusta decirlo de la siguiente manera: nadie nunca busca perderme en primer lugar y no es por lo mucho que yo pueda valer. Lo que pasa es que todos siempre están en busca de algo mucho más valioso que yo y por eso me entregan. Me entregan porque creen que el sexo les permitirá encontrar eso tan valioso que todos anhelan desesperadamente: El Amor.

RC: ¿Entonces el sexo no es el camino al amor?

V: No. El amor es el camino. Y como consecuencia de recorrerlo se pasa por el sexo. No puede ser de otra forma.

“El sexo nunca es el camino al amor, El Amor es el camino. Como consecuencia de recorrerlo llega el sexo. No puede ser de otra forma”

RC: Sin embargo ¿no cree que hay muchas parejas que comenzaron primero con el sexo, obviamente perdiendo su virginidad el proceso, y luego de convivir, conocerse y compartir se enamoraron? ¿No es válido para ellos decir que encontraron el amor aún a pesar de perder su virginidad “aparentemente” antes de tiempo?

Hasta este momento de la entrevista la seguridad de la virginidad me sorprendía, pero la pausa que hizo para contestar me hizo pensar que por fin le había hecho una pregunta que la hubiera puesto a dudar.

Sin embargo su respuesta  me demostró que solo se estaba tomando el tiempo para responderme algo que aunque para ella era totalmente claro, a mi humanidad le costaría entender.

Aquí la segunda parte de la entrevista.

 

Si pudieras hablar con la virginidad ¿Qué le preguntarías?

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