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Esta noche será su primera noche juntos.
Este post es escrito el día de la boda de una pareja de amigos que, por cosas de la vida, se casan no solo en la iglesia donde nos casamos si no que también hacen su recepción en el mismo lugar que hicimos la nuestra y, al igual que nosotros en su momento, esta noche también será su primera noche juntos.

Verlos allí arriba, en ese lugar donde hasta hace un par de años antes estuvimos en condiciones prácticamente idénticas, alborotó los más profundos recuerdos y sentimientos sobre el día de nuestra boda. Cosas que solo estando allí pudimos recrear y casi que volver a sentir.

Entre otras cosas recordamos, que a pesar de estar rodeados de tantas personas, éramos los únicos que sentíamos el peso del momento. Que aunque el día parece avanzar en cámara lenta, todo pasa demasiado rápido. Que no importan los sabios consejos de familiares y amigos, el cerebro no procesa un dato más a mediano plazo. Que a pesar del carrusel emocional que se siente durante el día, la verdadera emoción está enfocada en lo que pasará esa noche: la primera noche juntos.

 

A pesar del carrusel emocional que se siente de día, la verdadera emoción se enfoca en lo que pasará en la noche

Pensar en el primer contacto físico más allá de los límites, trae una mezcla variada de emociones, desde distracción, nervios y alegría, pasando por ansiedad, duda, incredulidad y muchas otras más. Es el cóctel emocional que los novios beben y lo sabemos porque también lo bebimos.

¿A que sabe el día en que la espera ha terminado? En su mayor parte es un dulce deleite con una gran carga de deseo y emocionante expectativa, pero también tiene un pequeño toque amargo de miedo cuando se pasa por completo el trago por el gusto de la mente y la razón.

“¿Cómo será esta noche? ¿Estaré a su altura? ¿Cumpliré sus expectativas? Son algunas de las frases que se camuflan traidoras entre las emociones y las neuronas provocando pequeñas ráfagas de ansiedad y descargas cortas pero intensas de temor.

Es curioso sentir miedo en ese momento, pero es justo allí en el altar cuando el miedo se convierte irónicamente en un premio por su valentía, la de cada pareja que decide esperar la instrucción de un ser sobrenatural al que nunca han visto, resistiendo los impulsos de una carne que se siente a diario, en contra de una corriente que demanda “la prueba de amor” como requisito obligatorio para tener seguridad antes del sí en el altar.

Al decir sus votos, el ambiente del lugar se convierte en un potente océano de amor y en ese momento, las pequeñas dosis de temor se transforman. El miedo pierde la batalla en el altar definitivamente y su último ataque traicionero de preguntas atemorizantes, se convierte en combustible que el amor usará mas tarde en el lecho nupcial.

 

El miedo pierde definitivamente la batalla en el altar y su último ataque se convierte en combustible que el amor usará mas tarde en el lecho nupcial

“Ahora empezará nuestra gran aventura” dice ella mientras lee sus votos en el único lugar donde la palabra aventura cobra su verdadero significado. Tristemente muchos crecimos con la idea de que las aventuras son fugaces encuentros sexuales prohibidos y por ello emocionantes, pero pocos son los que saben que la verdadera aventura es aquella en la que exploramos algo realmente desconocido, como lo que esta pareja va a vivir esta noche.

Si no, pregúntenle a cualquier explorador que emprende un viaje a un territorio virgen, a cualquier marino que surca aguas antes no navegadas, o a cualquier piloto que vuela por instantes sin mapas ni coordenadas, para quiénes tener ese desconocimiento del terreno es parte esencial de una verdadera aventura.

Los votos de ella auguran la verdad de lo que empezará para ellos: descubrirse el uno al otro, recorrer un cuerpo desconocido, beber las aguas de los nuevos manantiales, sin manuales ni instrumentos que les hayan dicho previamente que hacer o a donde ir ¡Que gran aventura la que apenas empieza en sus vidas!

 

 

La más grande aventura de una pareja, empieza la noche de bodas

“Prometo que serás la única mujer”, declara el novio con seguridad y firmeza. Suena lindo y parece sincero, como todo hombre cuando hace esta promesa a una mujer ¿Cuantos hombres no han hecho esta promesa y han fallado? ¿Por qué habríamos de creer la promesa de este?

Sin embargo le creímos, sin dudarlo. Le creímos porque como pocos, él tiene algo que da peso a su promesa. Más allá de los votos con buenas intenciones que cualquier hombre enamorado puede hacer, lo que él hizo para llegar hasta ese lugar es su respaldo: ser capaz de amarla sin desnudarla, de desearla sin tocarla, de anhelarla sin desesperar ni dejarse llevar por sus instintos básicos.

Le ha demostrado que ha esperado por ella, que ha resistido por ella y que es capaz de vencerse a si mismo por ella. Un hombre que es capaz de derrotar sus propios deseos, es un hombre que no solo puede prometer si no también cumplir sus promesas. Él lo ha hecho y lo ha demostrado. Por eso le creemos, todos lo hacemos.

Ser capaz de amarla sin desnudarla, de desearla sin tocarla, de anhelarla sin desesperar es lo que respalda la promesa de un hombre

La gran mayoría de asistentes conocemos parte de su historia, sabemos que esperaron y que esta noche será su primera noche juntos. Muchos estuvimos de acuerdo con su decisión de esperar, los animamos, motivamos y apoyamos en los inevitables momentos complicados que toda espera representa.

Pero seguramente no todos los apoyaron, no falta el amigo incrédulo que insistió en la importancia de probar el menú primero, o el familiar “experimentado” que argumentó el sexo como la excusa para casarse a la fija. No los juzgamos y sabemos que los novios tampoco lo hacen. Seguramente la gran mayoría de intenciones fueron buenas a pesar de los consejos.

Pero eso ya no importa, tanto los que estuvimos de acuerdo con su decisión como los que no, coincidimos en algo: en ese lugar se siente algo especial, ellos son una pareja especial y esa noche tendrán una noche verdaderamente especial.

Todos los juicios, burlas y no tan alentadores consejos son silenciados por esta pareja, a quienes hoy todos respetamos, admiramos y envidiamos. Todos quieren saber que se siente estar en su lugar siendo poseedores de algo tan sublime como lo que ellos con esfuerzo, sacrificio y amor cosechan.

Todos, aunque algunos no quieran reconocerlo, quieren saber que se siente estar en el altar siendo dueños de algo tan sublime

¡Así fue nuestra primera noche!

“Moriría en tus brazos hoy…” asegura la canción que acompaña el momento romántico de la ceremonia, que suena bien y relaja un poco el ritmo de la jornada. Pero lo que los novios no se imaginan mientras la bailan es que esa canción anticipa lo que sucederá: Esta noche morirán en los brazos del otro, no hablamos poética ni figurativamente, morirán literalmente.

Morirán a su carne, a su cuerpo y a su naturaleza personal para formar una carne totalmente nueva con una nueva esencia. Dejarán de ser dos para formar uno solo, morirán a su individualidad para dar vida a una nueva unidad: ella, él y Dios. Será la unidad que esta noche cobrará vida a costa del sacrificio que ellos hoy sentencian.

Esta noche ellos entenderán que morir no es algo necesariamente malo. Lo sabemos, es difícil de entender incluso de explicar hasta para los que ya pasamos por ahí, pero el mejor ejemplo para poder ilustrarlo, está en lo que ellos acaban de hacer. Como parte de la ceremonia cada uno de ellos tomó una vela previamente encendida y con ella simultáneamente prendieron una vela nueva, acto seguido apagaron sus propias llamas y dejaron una sola.

La noche de bodas una pareja muere a su individualidad para dar vida a una nueva unidad: ella, él y Dios

Dos llamas acaban de morir, todo el calor, el fuego y la luz se concentran ahora en la vela que acaba de ser encendida. Y aunque a primera vista no parece una llama muy diferente a las anteriores, la pareja al igual que nosotros, sabe que esta llama tiene algo diferente: la llama de Dios también encendió esta vela.

Puede que nadie haya podido verla, de hecho nunca se ve, pero a pesar de ello es algo que se siente. Esta noche se encenderá la llama de Dios y ellos sabrán lo que significa que el fuego del creador se encienda en medio de dos cuerpos que al igual que aquellas dos velas se unieron en una sola.

Nada tiene tanto calor, fuego, luz y poder como dos llamas encendidas a su debido tiempo, porque solo en medio de ellas, el fuego arrasador de Dios puede arder no solo consumiendo los cuerpos si no también las almas y el espíritu hasta fundirlos en Él y hacerlos uno solo.

Nada tiene tanto calor, fuego, luz y poder como dos llamas encendidas a su debido tiempo

Quisiéramos contarles cómo será, decirles mientras nos despedimos que su espera valió la pena, que su esfuerzo será recompensado con creces y que esta noche será la mejor noche de sus vidas hasta ahora, el ardiente inicio de la aventura del matrimonio, el nacimiento de una llama que se encenderá no solo esta noche si no también el resto de sus vidas. Pero sabemos que en su mente no hay neurona para un pensamiento, tip o consejo más, además al finalizar la recepción ellos solo quieren marcharse y con toda razón.

El último día de espera para ellos ha terminado y solo fuimos llamados a ser testigos de sus votos en el día, sus votos en la noche son de ellos dos y el único testigo, guía, consejero e invitado en la noche será Dios.

Nos despedimos con un simple adiós y una sonrisa cómplice, alegres porque sabemos lo que empieza para ellos, pero también retados porque de corazón anhelamos que cada día sean más parejas en el mundo las que prueben el placer y el deleite de lo que realmente significa hacer el amor. Si Dios es amor, esta noche serán uno con él, experimentarán la unidad de su amor y estarán tal vez más cerca de su esencia que lo que jamás antes hayan podido experimentar.

Nosotros pudimos comprobarlo, ellos lo harán esta noche y deseamos que tú puedas experimentarlo, que esta crónica sea tuya.

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